Un chofer de autobús predica con el ejemplo


Un conductor de Winnipeg, Canadá, afirma que no hizo nada extraordinario cuando detuvo su ómnibus, se bajó y le dio sus zapatos a un indigente

Ayudar a la gente es algo de todos los día para él y piensa que el resto de las personas hace lo mismo, según reportó winnipegfreepress.com.

“Lo hago porque tengo dos brazos y dos piernas y los uso todos los días. Tienes un corazón y deberías usarlo todos los días también”, dijo Kris Doubledee, de 38 años, el miércoles por la noche.

El martes pasado a la mañana, Doubledee estaba manejando el bus número 24 por la avenida Portage, en Winnipeg, Canadá, cuando vio a un hombre descalzo en la acera. Ya lo había visto el día anterior, también sin zapatos.

“Simplemente no pude imaginar cómo podía vivir así”, dijo el chofer. “Hacía frío, quizás 7 grados, y estaba descalzo. Tenía que ayudarlo. Cualquiera lo hubiera hecho”.

Detuvo su autobús y fue a hablar con el hombre.

“Le pregunté: ‘¿Tienes zapatos?’. Me respondió que no. Le dije: ‘Si te doy un par, ¿lo conservarás?’. Me contestó que sí”.

Así que Doubledee se sacó sus buenos zapatos de cuero, unos que su esposa le había comprado cuatro años atrás para que tuviera los pies cómodos durante las largas horas de trabajo, y se los dio. Volvió a subir al bus y terminó las últimas dos horas de su turno en calcetines.

“No podía imaginármelo caminando sin zapatos”, dijo el conductor. “No podía imaginarme el frío que tendría”.

Doubledee tuvo una pequeña dosis de ese malestar cuando caminó hasta su auto luego de terminar su jornada laboral.

Según cuenta, necesita ayudar cuando ve a alguien con una discapacidad o una carencia. Trata de aliviar su dolor o reza para que encuentren alivio. Tiene una profunda fe, aunque no pertenece a ninguna iglesia o religión. Sin embargo, tiene sus creencias, que lo guían a diario, y trata siempre de ser una mejor persona.

Rezó la primera vez que vio al hombre descalzo. Y cuando lo vio el segundo día, pensó que era una señal de que debía hacer algo.

“La primera vez que lo vi, le pedí al Señor ‘¿Puedes sanar su dolor?’. Al día siguiente, fue como si Dios lo hubiese puesto allí. Frené el autobús. Supe que debía ayudarlo”.

El conductor dice que en ese momento no pensó si manejar descalzo era peligroso o una mala idea. No podía especular sobre un posible riesgo, debía ayudar al hombre porque realmente veía que estaba muy dolorido.

Doubledee está convencido de que cualquier otro empleado de tránsito hubiera hecho lo mismo y de que sus compañeros han ayudado de alguna manera a algún winipegués.Está seguro de que cualquiera hubiera actuado igual en su lugar.

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