El cerebro cree que las conductas compulsivas le van a traer un beneficio


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Por Carlos Gómez Abajo.

Los científicos descubren que los tics no se realizan porque sí, sino que la mente los relaciona erróneamente con algo positivo

cerebro compulsivo

Imagen: Marem. Fuente: PhotoXpress.

Científicos de la UNED y de la Universidad de Arizona han revisado decenas de estudios sobre el comportamiento y han concluido que los tics o conductas obsesivas-compulsivas no se realizan porque sí, sino que a ellas subyace la búsqueda de un beneficio.

La razón es que durante el aprendizaje, el cerebro aprende conductas con un determinado beneficio, sólo porque se producen en un espacio de tiempo corto, y luego no distingue de manera objetiva cuáles de ellas son las realmente beneficiosas.

El cerebro adquiere vicios durante el aprendizaje que se transforman en conductas compulsivas.
Colocarse el pelo de forma repetitiva, tocarse la nariz o cualquier otro tipo de tic son conductas que se realizan sin obtener nada a cambio. Durante décadas la comunidad científica ha pensado que los mecanismos que originan estas acciones, denominadas adjuntivas, poco tenían que ver con los que provocan comportamientos como comer o dormir, que generan una recompensa y que se conocen como operantes.

Tras más de veinte años investigando ambos tipos de conductas en ratas, científicos de la UNED y de la Universidad Estatal de Arizona (Estados Unidos) han revisado decenas de estudios y han concluido que ambos tipos de comportamientos sí están relacionados.

Según los investigadores, las conductas adjuntivas, con las que no se obtiene recompensa, son en realidad un tipo de comportamiento operante, porque sí existe un trofeo, pero que se demora en el tiempo.

“Las ratas beben sin tener sed, pero no lo hacen porque sí: su comportamiento es sensible a las consecuencias”, explica Ricardo Pellón, investigador del departamento de Psicología Básica I de la UNED y uno de los autores del trabajo, en la información de DivulgaUNED.

“Nosotros estudiamos un modelo animal que se denomina polidipsia inducida por programa (ingestión excesiva de agua en ratas privadas de comida, no de agua, y que reciben la comida en pequeñas cantidades y a intervalos regulares de tiempo)”, ha explicado el científico a Tendencias 21.

“Se puede entender la conducta adjuntiva como todo tipo de comportamiento que ocurre adjunto (o añadido) al comportamiento que explícitamente se está entrenando. Son comportamientos no entrenados de manera explícita pero que sistemáticamente surgen en determinadas situaciones ambientales”, añade Pellón.

En el proceso de obtener un determinado beneficio, el individuo realiza una serie de acciones, algunas entrenadas y otras no. El cerebro asocia esta serie de acciones con su consecuencia final, y no es capaz de distinguir si todas las acciones eran necesarias para obtener el beneficio, o solo alguna o algunas de ellas. En ocasiones sucesivas, el cerebro ordena cometer las mismas acciones, a veces “en una especie de ritual”, explica Pellón.

“Normalmente las ratas de laboratorio son entrenadas a presionar una palanca para obtener comida, y se atribuye a la comida la capacidad de reforzar la presión de la palanca. Nuestra propuesta es que se reforzaría la conducta exigida pero también cualquier otra conducta que ocurra en una ventana temporal relativamente corta”, añade.

Hay autores que han sugerido que la polidipsia inducida por programa (y por extensión las conductas adjuntivas) son un buen modelo de trastorno obsesivo-compulsivo, en el sentido de que se realizan conductas repetitivas sin aparente beneficio (como beber en una rata de laboratorio cuando lo que se tiene es hambre).

La revisión bibliográfica dibuja un nuevo marco teórico, pero que falta por confirmar con nuevos experimentos. “Tenemos que validar que la teoría es cierta y por eso estamos empezando un nuevo proyecto, centrado en estudios de comportamientos diferentes a la bebida en la rata de laboratorio, para probar su generalización”, indica Pellón.

De confirmarse, el nuevo modelo teórico propuesto tendría implicaciones en la base de determinadas patologías, como los trastornos obsesivo-compulsivos. “Si las conductas son operantes se pueden modificar con las mismas técnicas”, adelanta el investigador de la UNED. De esta forma, el tratamiento podría ser diferente, centrado en una terapia conductual, que actuara como complemento de los fármacos prescritos al paciente.

La anorexia también podría abordarse desde este nuevo marco teórico, puesto que numerosas conductas adjuntivas desarrolladas por las pacientes, como el ejercicio físico excesivo, podrían tratarse de otra forma.

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